“La luces blancas me encandilaban, apenas podía mover los ojos, tratando de ver lo que había a mi alrededor noté las paredes, blancas como el techo; eso, el frío del ambiente, el olor extraño a limpio y voces que no entendía era lo único que podía percibir. Finalmente, una silueta que solo podía identificar como una persona se asomó a mi campo de visión, algo en ella no me cuadraba del todo pero antes que pudiera tratar de verlo bien la oí decir, —estarás bien…”
Nuevamente, en la habitación del señor Ota. “¿Qué me está pasando?” pensé mirando ahora el techo del lugar, igualmente blanco. Desconcertado fui al baño a tratar de razonar lo que acababa de soñar, “no parece un sueño”, pensaba mientras volteaba al espejo tras echarme agua a la cara. —¿Eh?—, solté con sorpresa mientras me veía al espejo, mi parte humana, recuerdo que me había ido a dormir en mi forma bestia, ahora que me veía era ligeramente diferente.
Era un poco más delgada, mis ojos, que recordaba oscuros ahora tenían un tenue tinte azulado, mi naríz era un poco más pequeña de lo que recordaba y mi pelo se veía muy claro. Me quedé callado hasta que recordé a –¡Takao! —Él se parecía de cierta forma a su forma bestia, “por lo que yo también me tenía que parecer a ella”, asumí.
—¡Oh cierto! —Recordé que había quedado con él para ver un lugar nuevo, por lo que simplemente cerré mis ojos frente al espejo “Pensar en un buen momento…” pensé para mí mismo… Pensé en los momentos que pasé con él y con el señor Ota, mientras pensaba en ello sentía como cada parte de mi cuerpo poco a poco cambiaba, sentía crecer mis ojeras, mi hocico, el calor del pelaje. Abrí mis ojos, viendo manifestada mi forma bestia, “creo que estoy comenzando a entender esto”, reflexioné.
Bajé donde estaba el señor Ota para saludarlo, se veía algo ocupado, estaba leyendo documentos en carpetas que sacaba de una caja de plástico, no quise molestarlo mucho por lo que simplemente le dije que iba a ver a Takao, él me devolvió un “está bien, tengan cuidado”. Salí a reunirme nuevamente con Takao en aquella torre abandonada.
Cuando llegué el chico estaba en su forma humana, mirando hacia el noroeste, tras escucharme subir volteó la mirada hacia mí.
—¡Hola Dai! ¿cómo estás?
—Bien, creo que mejor que ayer.
Takao sonrió al oírme y se sentó en una esquina, lo seguí y me senté a su lado. Suspiré mientras me acomodaba, hasta que escuché a Takao
—Oye, Daisuke.
—¿Hmm? —Volteé a verlo—. ¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo?
Lo miré por un segundo y asentí sonriendo. Realmente no me esperaba que fuera a preguntarme algo, pero tampoco tenía problema con ello.
—¿Qué te ocurrió? —soltó su pregunta mientras que con su mano hacía la forma de mi cicatriz. Su tono no parecía tener una mala connotación.
Mi sonrisa se fue, dejando una expresión notoriamente más seria mientras dirigía mi vista al suelo.
—O-oye, lo siento, n-no pensé que eso fuera algo malo o-… —dijo con un tono preocupado.
Levanté rápidamente la mirada volteando nuevamente a Takao, reaccionando a sus palabras.
—No, no. Está bien, es que… —Tomé una pequeña pausa para ordenar mis ideas mientras volteaba mi vista hacia arriba—. La verdad es que no lo recuerdo muy bien, fue hace bastante tiempo. —Volteé mi mirada hacia arriba—. Era de noche, estaba en un autobús de regreso de una excursión. Estaba con mis amigos en los asientos de atrás, hablando. Lo último que recuerdo fue ver una luz bastante fuerte y seguido de eso un choque a nuestro lado…
Takao bajó la vista por un instante y luego volvió a mí.
—Esos amigos con los que hablabas, eran…
Antes que terminara asentí con la cabeza, Takao se levantó y volvió a mirar al noroeste.
—Y… ¿qué ocurrió después? —preguntó mirándome.
—No lo recuerdo, todo ese momento ha sido tan difuso durante tanto tiempo. Lo único que sé, es que desde ese momento me sentía diferente, más activo, y esa energía crecía conmigo.
—¿Cuánto tiene que ocurrió eso?
—Fue hace más de diez años. Tendríamos siete u ocho años.
—¿Y sobre tus amigos?
Me tomé un tiempo para responder, me levanté y me puse a su lado mientras lo pensaba.
—Hablé con ellos, bastante después, Hiroaki me dijo que no se sentía diferente, a lo mejor un poco más cercano a nosotros pero eso ha sido desde siempre. Fumiko en cambio, se sentía con menos fuerza y energía, me contó que desde ese momento ella prefirió la lectura y las matemáticas y que le estaban empezando a interesar las computadoras.
Takao me miró a los ojos, volteó la vista hacia abajo y rápidamente miró al noroeste, mantuvo su mirar a la zona humana por un muy buen rato.
—¿Quieres ir?
—¿Q-qué? ¿Estás loco? ¿No sabes lo que me hicieron antes de llegar aquí?
—Pero eso fue porque te vieron como una bestia. Míranos, para ellos seremos un par de chicos humanos sin más.
—Bueno, tienes razón. —dije mirando hacia la zona humana mientras me levantaba—. Pero, ¿cómo vamos a entrar?
—Conozco muy bien este lugar, Daisuke. Sígueme.
Nos fuimos de aquella torre. Takao me llevó a una calle más que nada vacía, habían edificios pequeños abandonados, otros en construcción y otros más en remodelación, la sensación que daba el lugar era rara, quizá estar tan cerca del muro me generaba esa sensación, pero no estaba seguro. En eso llegamos a un callejón, estrecho y oculto para cualquiera que caminara inclusive de forma regular por el lugar, al final de éste había lo que parecía ser un hueco algo estrecho el cual exigía gatear para poderlo cruzar.
Miré a Takao, él se notaba un poco emocionado pero trataba aún así de ocultarlo, se acercó al hueco y me regresó la mirada.
—Esta es nuestra entrada y salida, la encontré de casualidad mientras regresaba a casa, he pasado por aquí a mirar cómo es el mundo humano, pero nunca ví a nadie y tampoco he llegado a cruzar del todo. —dijo mientras tocaba la pared y se agachaba.
—¿En serio?
—Sí, siempre me dió curiosidad, Dai. —concluyó mientras comenzaba a cruzar por ese hueco. Cuando ya no veía sus piernas me acerqué rápidamente a ver si había cruzado.
—¿Takao? ¿E-estás ahí? —pregunté mientras asomaba la cabeza por el hueco. fue ahí donde ví al chico a través de ese pequeño túnel.
—Sí, ven aquí, no hay nadie. —respondió sonriéndome.
Lo dudé mientras veía a Takao, pero tampoco lo quería dejar solo, por lo que comencé a cruzar, mientras aún cruzaba ví la mano extendida del chico, la tomé y salí finalmente del hueco, del otro lado.
Cuando levanté mi mirar, noté que no había nadie, en general la zona se veía solitaria, sin casas ni edificios cercanos, la calle y la acera se veía con poco uso, no se me hacía conocida la zona cercana al borde del lado humano. Como no había nada cerca de nosotros, comenzamos a caminar por la acera hasta encontrar una calle que lleve al interior. Takao se veía contento mientras caminábamos, yo en cambio preferí cubrirme con la capucha por si acaso.
En cuanto encontramos una entrada al interior comenzamos a caminar, las casas cada vez se me hacían más conocidas y familiares, probablemente no sea donde haya vivido pero definitivamente pertenecen a esta zona.
—Oye, Dai. ¿Soy yo o todas las casas están demasiado juntas?
—Así suele ser por aquí, casas juntas y pequeñas.
Mientras seguíamos caminando veíamos a gente caminar por el otro lado de la calle, Takao les levantaba la mano, y mientras que algunos lo ignoraban, otros le devolvían el saludo, principalmente los que eran más jóvenes. Tras caminar un rato comenzaba a notar lugares cada vez más y más reconocibles para mí.
En ello llegamos a una calle un poco más amplia y, con ello, más llena de gente. La zona ya me era familiar, por lo que decidí ir por un lado, Takao me siguió mientras buscaba una salida a una zona un poco más tranquila. De vez en cuando volteaba, notando que el chico estaba feliz en cada paso que daba. Logramos dar con una calle llena de tiendas de todo tipo. Mientras pasábamos por el lugar veíamos lo que vendía cada establecimiento, comida, ingredientes, especias, frutas, verduras y demás.
Estuvimos un gran rato por el lugar, inclusive Takao llegó a comprar un par de manzanas que comimos durante el camino, llegué a distraerme tanto viendo lo que tenía que ofrecer el lugar que terminé completamente la manzana, sin dejar ni siquiera las semillas ni el tallo. Nos perdimos por el lugar por un gran rato.
En eso y mientras la tarde caía salimos del lugar, y mientras caminábamos, poco a poco nos acercábamos a zonas que eran más reconocibles, quizá era por instinto, pero no me daba cuenta de ello hasta que me detuve eventualmente, volteé la cabeza hacia lo que era mi derecha, y me quedé mirando, lo suficiente para que Takao, que ya se había adelantado unos pasos, se diera cuenta.
—¿Daisuke? ¿Qué estás mirando? —preguntó mientras volteaba hacia mí y regresaba.
—Esta… Esta es su casa.
La casa bajo la luz atenuada era gris, con toques en negro y de dos pisos, era pequeña pero diferente al resto, destacaba por verse pulcra y poco tradicional a comparación del resto de casas aledañas, tenía un garage cerrado, una forma irregular entre pisos y un techo inclinado. Siempre me llamó la atención por todo eso, atención que parecía que a nadie más le llamaba.
—¿Su casa? —Takao preguntó juntándose conmigo—. ¿De quién?
—De Hiroaki… —dije con la mirada aún clavada en esa casa.
Takao se quedó viendo la casa conmigo por un muy buen rato, él parecía analizar su forma volteando la vista ligeramente, comparando la misma con el resto.
—Y… ¿Por qué no vas y tocas su puerta? —dijo poniendo su mano en mi hombro—. Sería bueno para ambos volverse a ver.
—Sé que a él le encantaría verme de nuevo, pero no creo que su familia quiera eso. Ellos fueron los primeros en saber que me pasó, me transformé en frente de él.
Takao volvió a mirar la casa, notando una entrada lateral, la cual llevaba a un patio trasero.
—No te tienen que ver —dijo apuntando a aquella entrada.
—N-No, Takao, no puedo entrar así como así. Mira, creo que no vale la pena el riesgo, no quiero meterme en problemas sabiendo que estamos nosotros dos aquí, mejor vámonos —dije mientras daba una vuelta e intentaba irme caminando, sin embargo, la mano de Takao en mi hombro apretó, deteniéndome y haciéndome voltear al chico.
—Daisuke, ¿no te das cuenta que es aquí a donde quisiste venir?
—¿Qué?
—Dai, sin darte cuenta vinimos aquí, no fue casualidad la ruta que tomamos, sabías a dónde ibas pero no de forma consciente, tu espíritu te llevó aquí. Sigue lo que te dice.
Miré al suelo por un momento y volteé a Takao. No sabía en qué pensar, “de verdad vine aquí sin darme cuenta?” “¿Mi espíritu me guió hasta aquí?”. No fue hasta que el chico me volvió a hablar que reaccioné.
—¿Estás seguro de querer irte? —preguntó mirándome.
—Creo que no…
—Entonces, ve a ver a tu amigo, Daisuke. Yo me quedaré aquí afuera a esperarte, no te preocupes. —dijo mientras soltaba mi hombro.
Me acerqué a la entrada alternativa, volteando a Takao antes de abrir la puerta, quien asintió antes de que entrara. La puerta llevaba a un pequeño pasillo con suelo de concreto el cual me llevó al patio trasero, el cual era bastante pequeño, las luces de la planta baja estaban apagadas, pero había una luz encendida en una de las ventanas del segundo piso, exactamente la de Hiroaki, miré a mi alrededor, buscando algo con lo que llegar a esa ventana, no habían ni escaleras ni nada con lo que subir, pero la pared parecía tener un patrón donde podía colocar los dedos y los pies. Volteé hacia los lados e intenté subir, podía mantener los dedos pero no los pies, por lo que me caí la primera vez, a la segunda fui notando cómo colocarme para no caer, pero igualmente terminé soltándome; a la tercera pude por fin escalar la pared hasta llegar a la ventana.
Tras subir y llegar a la ventana me detuve por un segundo, mirando hacia el otro lado, notando cómo el cielo se volvía naranja y las nubes rosas eran llevadas por el viento que poco a poco arreciaba. Volteé hacia la ventana, tratando de ver si había alguien. El cuarto era de paredes blancas, un armario negro, un escritorio y su cama estaba posada por debajo de mi vista.
No parecía que hubiera nadie, pero noté que la cama tenía lo que parecían ser pelos de gato, no recordaba que Hiroaki tuviera uno, pero asumí que durante todo este tiempo se consiguió uno. Toqué la ventana, no oí respuesta, toqué una segunda, tampoco, y una tercera, nada.
Ya a punto de rendirme miré hacia el suelo para intentar bajar, antes de que bajara volteé hacia la ventana una última vez, viendo a un chico mirándome fijamente, casi sin moverse, regresé la mirada hacia sus ojos, me tomó un poco darme cuenta que era él, Hiroaki. El chico se quedó mirándome hasta que reaccionó y pareció que dijo algo antes de acercarse hacia la ventana, abriéndola.
—¡¿Daisuke?! —exclamó tomando mi mano, ayudándome a entrar y abrazándome en cuanto pudo—. No puedo creer que te estás aquí, ¡volviste!
—Sí, sentía que tenía que hacerlo, siento que necesitaba verte, Hiroaki.
—Me alegra verte de nuevo, y, al parecer, pudiste volver a tu forma humana.
—Sí, no sabía que las bestias lo podían hacer —repliqué mirando hacia atrás del chico—. Oye, ¿de casualidad no está tu familia aquí? No siento que estarían complacidos de verme aquí como si nada, más sabiendo que entré sin permiso.
—Oh, no te preocupes por eso Daisuke, hace meses que salieron y me dejaron aquí, al parecer era un viaje importante, pero no me dijeron de qué se trataba —dijo soltándome de su abrazo.
—Entiendo, y al parecer te regalaron a un gatito para que no te quedaras solo.
Hiroaki se quedó confundido ante mi comentario, como si dijese algo sin sentido o fuera de lugar.
—Pero… —al ver los pelos sobre la cama su cara cambió de confusión a pena—. Oh cierto, a veces me olvido de él. Sí, me lo dieron hace meses, poco antes que se fueran, querían que alguien con quien empatizara me acompañase.
—Ya lo veo, ¿y dónde está?
—E-eh, bueno, creo que está fuera, a veces sale por tanto que me olvido de él, ya te dije.
—Está bien, Hiroaki. No te preocupes.
Ambos quedamos en silencio tras eso, miré a Hiroaki, recordando lo que quería en el fondo hacer.
—¿Y cómo ha estado Fumiko?
El rostro de Hiroaki comenzó a verse ligeramente triste mientras que callado volteó hacia un lado, donde se hallaba un cuadro con una fotografía de nosotros tres juntos, una foto que tenía tres o cuatro años de haberse tomado.
—La verdad, no lo sé.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir?
—Eso… La verdad es que desde que te transformaste poco a poco la veía alejándose, hasta que me contó que se iría a otro lado.
—¡¿Qué?! ¿Cómo que a otro lado? —solté sorprendido por lo que me dijo, Fumiko era de entre todos la más cercana a nosotros, “¿qué habrá pasado?”, pensé.
—Sí, y a mí me sorprendió cuando me lo dijo también. Le pregunté a dónde iba, pero me dijo que no me lo podía decir, que con gusto me diría, pero no podía hacerlo. Se veía nerviosa y bastante triste, quise preguntarle por qué no podía decirme, pero no quiso responderme. Lo último que me dijo era que quería volverte a ver, y me dijo que te diera esto si es que en algún momento volvía a verte. Creo que ese momento es hoy Daisuke.
Hiroaki de un cajón sacó lo que parecía ser un sobre, no tenía nada que lo hiciera identificable, era un sobre blanco, simple y corriente, sin nada escrito sobre él. Me tomó un poco de tiempo asimilarlo, pero tomé la carta sabiendo que era lo que tenía que hacer.
—Gracias, Hiroaki…
Dirigí mi mirada al chico, aún necesitaba decir una cosa más.
—Tengo otra cosa que preguntarte.
—Sí, ¿de qué se trata?.
—¿Aún recuerdas el accidente?
—Nuestras cicatrices nunca me harán olvidarlo, Daisuke. ¿Por qué lo preguntas?
Miré hacia abajo, cerrando los ojos.
—Tengo el presentimiento que algo de eso tiene que ver con que me haya convertido en bestia. Quizá, lo que ocurrió después del accidente, algo pudo haber ocurrido. No recuerdo nada de lo que pasó después, solo tengo vagos recuerdos de lo que pasó, pero de ahí, solo recuerdo despertar ya en casa. Siento que algo sobre eso tiene que ver con lo que me está pasando.
Cuando abrí los ojos y levanté la mirada a Hiroaki, tenía una expresión de sorpresa, al notarlo miré mis manos, de nuevo el pelaje las cubría, “oh, no”, toqué mi rostro, sentí mis orejas, mi yo bestia. Me sentí preocupado y casi en pánico.
—C-… creo que me tengo que ir, Hiroaki —dije rápidamente volteándome para irme, sin embargo, algo agarró mi mano antes de que pudiera levantarme.
—No, no te vayas —Oí antes de voltear a Hiroaki, quien me jaló para nuevamente abrazarme, buscando que me calmara.
Me quedé paralizado al sentir su abrazo, no sabía cómo sentirme ni cómo reaccionar.
—No vuelvas a huir así, Daisuke, por favor. Comprendo lo que sientes, pero por favor, no huyas de tus amigos otra vez. Nos da igual qué eres, no te queremos por lo que eres, sino por quien eres. Seas o no una bestia, sigues siendo Daisuke Onohara, nuestro amigo, desde la infancia.
Me quedé conmovido, solo pudiendo corresponder a su abrazo. Poco a poco fui tomando la calma y sentándome en la cama del chico, para poder oirlo.
—¿Te sientes mejor? —preguntó soltándome nuevamente.
—Creo que sí…
—Me alegra escuchar eso, Daisuke.
Hiroaki se tomó nuevamente un tiempo para pensar lo que diría.
—Mira, la verdad es que tampoco recuerdo nada de eso, solo recuerdo que algo golpeó nuestro autobús y eso es todo, desde ese punto, no recuerdo nada hasta despertar en el hospital, recuerdo verte, pero aún estabas inconsciente. Mis padres me dijeron que estábamos bien, y que ese mismo día nos darían de alta, aun recuerdo bien que desde el accidente hasta que salimos del hospital pasaron cuatro o cinco días.
Me quedé pensando sobre ello, “¿Qué habrá pasado en esos cuatro días?” “¿Por qué tanto tiempo?” Mientras me quedaba pensando sentí como me quitaban la capucha. Cuando reaccioné, me dí cuenta que era Hiroaki.
—Así que un conejo, ¿eh? —dijo mientras me tocaba la nariz—. Para ser una bestia, te ves hasta lindo.
—Gracias —respondí riendo un poco.
—Quiero hacerte sentir bien, amigo —dijo haciendo una pequeña pausa—. ¿Y entraste a la zona de bestias?
—Ahí me estoy quedando, pero vine aquí con un amigo, quedó de esperar afuera de aquí en lo que venía a hablar contigo.
—¿Un amigo? Me sorprende que encontraras rápidamente un amigo allá, ¿y no te dijo nada porque fueras un humano?
—No, él de hecho quiso venir aquí, me dijo que le agradan los humanos y le dan curiosidad —finalicé.
Noté por la ventana que ya era tarde y que la noche estaba asomándose. Sabía que tenía que irme, por lo que me levanté.
—Oye, creo que tengo que irme, Hiroaki.
—No te preocupes, creo que ambos necesitan volver, en especial tu amigo. Vamos, ven conmigo.
Ambos salimos del cuarto, bajando al primer piso de la casa. Mientras bajábamos notaba más cabellos pequeños en el suelo me llamaban la atención, pero asumí que eran del gato del chico. Llegamos finalmente a la puerta principal. Hiroaki antes de abrir la puerta me dió un abrazo.
—Espero volverte a ver, amigo —dijo mientras me soltaba por última vez y antes de abrir la puerta—. Oye, tu forma humana.
No me dí cuenta pero aún seguía en la forma bestia, simplemente cerré mis ojos, y dejé mi forma humana salir. Cuando abrí mis ojos ví a mi amigo frente a mí.
—Así que así se ve cuando cambian de forma —mencionó para finalmente abrir la puerta.
Tras abrir la puerta ví a Takao darse la vuelta para mirarnos a ambos. Acercándose hacia nosotros, levantando la mano.
—¡Hola! —exclamó para luego mirar hacia Hiroaki—. Tu debes ser su amigo, ¿Hiroaki?
—Ese mismo, así que eres el amigo bestia de Daisuke, ¿eh?
—Exactamente, soy Takao.
—¡Un gusto!
—El gusto es mutuo.
—Bien, creo que tenemos que irnos, se nos está haciendo tarde —Terminé interviniendo, sabía que no era lo mejor, más sabiendo que ambos se estaban conociendo por primera vez, pero a su vez me daba un miedo que nos descubrieran.
—Es verdad, creo que les estoy quitando tiempo —Hiroaki replicó—. Aún así —Él volteó hacia mí—. Si quieres venir de nuevo, siempre te recibiré con los brazos abiertos, recuérdalo.
No pude aguantar sonreír por su gesto, sabía que podía confiar en él.
—Muchas gracias, Hiroaki.
Dije antes de irme hacia la calle, dejando un momento a Takao para que se pudiera despedir también. Tras un momento, él me alcanzó para dar marcha de nuevo a la zona de bestias.
La noche ya había caído, era calmada y los faros amarillos iluminaban las calles, aunque aún habían zonas bastante oscuras, ya habíamos caminado un muy buen rato, presentía algo raro, sentía que alguien nos miraba desde las sombras, aún así decidí mantenerme calmado y no correr de golpe.
—Oye, Takao.
—¿Mhm? ¿Qué ocurre?
—¿No sientes que algo nos está siguiendo?
Takao miró hacia los lados, tratando de ver a alguien.
—La verdad, no. Creo que te estás preocupando demasiado.
—No lo creo… solo sigamos.
—Daisuke, no seas tan paranoico, no nos va a pasar na-…
De pronto una figura tackleó a Takao, empujándolo hacia un poste de luz cercano, colocando su brazo en el cuello del chico, sometiéndolo.
—¡Takao!
Antes que pudiera moverme algo me golpeó, llevándome al suelo.
Intenté levantarme, pero antes que pudiera siquiera reaccionar, recibí una patada en el estómago, para que por siguiente aquella figura me levantara tomándome del suéter y me pusiera en la pared. No podía reconocer quién era, pues su rostro estaba cubierto por la sombra de la luz del faro, y tampoco podía moverme.
—¿Quiénes son? ¿Qué hacen aquí? —Aquella figura preguntaba mientras trataba de recuperarme. —Seguramente son bestias inmundas y que seguramente vienen a contaminar este lugar, como siempre.
Takao estaba forcejeando con el otro sujeto y tenía que hacer algo, moví mi vista para notar que no había nadie más y la figura me tomaba con ambas manos; tenía una oportunidad para actuar.
—¿Qué te pasa, eh? ¿Acaso el gato se llevó tu lengua? ¡Respon-…! —Intentó terminar, sin embargo el repentino dolor lo dejó sin aliento, había pateado su entrepierna.
La figura me soltó mientras se ponía de rodillas tratando de recuperarse, momento en el que aproveché para abalanzarme hacia quien sea que estuviese agarrando a Takao, empujándolo lo suficiente para dejarlo en el suelo.
—¡Vámonos! —grité tomando de la mano al chico mientras nos íbamos del lugar.
Aquellas dos figuras se levantaron, comenzando a perseguirnos. Por lo que no quedaba de otra más que huir, las calles se tornaban cada vez más y más oscuras. Sabía que se acercaban y que pronto nos alcanzarían, de pronto sentí que algo que tomaba de la boca y me llevaba hacia un callejón, solo alcancé a voltear para ver a Takao siendo llevado también.
—¡Hmmph! —Traté de gritar.
—Shhh, no permitas que te oigan. —decía una voz baja mientras veíamos como aquellas dos personas pasaban de largo. Al notar que ese era el caso, nos soltaron. —¿Están bien? —La voz decía ahora, no podía distinguir a la persona detrás, estaba encapuchada
—¿Quién eres? —pregunté sin más.
—Alguien que sabe que son unas bestias, por algo es que están aquí.
—¿Cómo sabes que somos…?
—Porque entre bestias sabemos quienes somos. —La figura se quitó la capucha, revelando un rostro felino, la poca iluminación hacía notar un pelaje blanco y ojos color ámbar.
—¿Y la otra persona? —preguntó Takao.
—Solo un amigo —respondió—. No es una bestia, solo un humano.
—¿Por qué nos ayudas? —pregunté ahora.
—Creo que es obvio el porqué y lo sabes también. Somos un pequeño grupo que ayuda a quienes lo necesiten, y por lo que noto, ustedes buscan llegar a la zona de bestias, ¿cierto?
—Sí, justamente eso.
—Yo los ayudaré, síganme.
—E-… Espera,
—¿Sí?
—¿Cuál es tu nombre?
El chico se quedó en silencio por un momento.
—Llamenme Aki. Pero no perdamos más tiempo, se pondrá peor entre más tardemos.
Tanto Takao como yo asentimos, saliendo subsecuentemente del callejón.
Avanzábamos poco a poco, deteniéndonos en cada esquina para observar si había alguien a la vista. Para el final, cerca del borde, notamos que no había nadie, lo que nos permitió por fin avanzar hacia el hueco que Takao había encontrado. De pronto, una incandescente luz se iluminó hacia nosotros.
—¡Ahí están! —Se oyó a la distancia.
Debíamos apurarnos, Takao fue el primero en cruzar.
—¿No vendrás? —pregunté volteando a ver al felino.
—No puedo, tengo pendientes todavía. Pero sé que quizá nos volvamos a ver.
—¡Daisuke! ¡Apúrate! —Escuché mientras comenzaba a entrar al túnel.
—Gracias, Aki. —Alcancé a decir mientras entraba.
—A tí… Daisuke —Logré oír, no sabía pero me parecía que dijo mi nombre entre el ruido.
Poco a poco escuchaba ruido mientras pasaba por el túnel, como si éste estuviera colapsado a medida que cruzaba el mismo. Parecía que Aki estaba derribando la entrada.
Ya del otro lado, me incorporé con Takao.
—¿Estás bien? —pregunté.
—Sí, lo estoy, quiero pensar que tú también, ¿no?
—Exactamente. —terminé para salir con él del callejón—. Oye, lo siento —dije a Takao.
—¿Qué sientes?
—Por todo lo que acaba de ocurrir. No quería que te hicieran daño ni nada, y no quería que pasaras por todo eso.
—Daisuke, oye, no es tu culpa, sé que hay humanos que nos odian sin motivo, pero a la vez sé que hay más quienes nos ven como iguales. De verdad, me encantó todo lo que ví allá y me gustaría volver.
—¿Qué? pero, ¿por qué?
—Los humanos no son malas personas, Dai, ya te lo había dicho, así como tú y tu amigo, hay muchos más que no nos ven como monstruos y saben que al final, somos personas, como ellos. Somos iguales.
Me dejó sin palabras la insistencia de Takao, parecía que a pesar de todo, no odiaría a los humanos.
—Y tú lo sabes, Daisuke. —Takao volteó a mirarme—. Detrás de la bestia que ahora eres, tú fuiste un humano más, y eso no te ha cambiado.
Simplemente asentí. Aunque lo pareciera, todavía no era muy tarde para que pudiéramos preocupar a alguien, pero aún así teníamos que apurarnos por si acaso.
—Entonces, quieres hacer algo mañana, o… —preguntó Takao.
—No lo sé. —dije sacando aquél sobre que me había dado Hiroaki de uno de mis bolsillos, estaba ligeramente maltratado pero aún entero.
Busqué un lugar con luz entre las calles para abrir el sobre, en el cual había una carta, la saqué del sobre para comenzar a leer:
“Hola Daisuke, espero que puedas leer esto, encargué a Hiroaki mantener esta carta por mí, por si en algún momento podrías juntarte con él, me hubiera gustado dártela a tí, pero por cuestiones que se van de mis manos ya no pude.
Quiero que sepas que estoy bien, y que podríamos vernos en algún momento. No sé en cuánto tiempo verás esta carta, pero quisiera que me busques. Si puedes, búscame en el Parque Liánhé. Siempre estoy ahí por las mañanas, en un gran cerezo frente al lago.
Solamente me queda decir que te estaré esperando, sea cual sea el día. Y sobre todo, pedirte perdón por haberme ido sin decirte nada a tí. Espero volverte a ver.”
Me quedé en silencio tras leer la carta, me sentía aliviado y emocionado a partes iguales. Quería volver a ver a Fumiko como hice con Hiroaki, pero, no había oído nada sobre el Parque Liánhé, asumí que tendría que estar en una parte del noroeste.
—¿Parque Liánhé, dice? —intervino Takao—. Eso, eso está aquí.
—¿Espera, cómo que aquí? —Volteé a mirar al chico.
—El Liánhé es uno de los parques más antigüos que conozco de la zona de bestias, está como a una hora caminando desde la casa del señor Ota. Actualmente no es el más visitado pero lo recuerdo, es bastante extenso.
—Eso significa entonces que…
—Tu amiga es una bestia también.
“¿Será por eso que no le dijo nada a Hiroaki?” Pensé.
—Tengo que ir a verla mañana. —concluí—. Tengo que ir solo.
—Está bien, entonces, creo que es momento de irnos a casa, Dai. —soltó Takao, asentí como respuesta—. Nos vemos, entonces. —finalizó yéndose caminando del lugar.
Sé que tengo que hacer ahora, tras tanto tiempo tengo la oportunidad de encontrarme de nuevo con Fumiko.
“Voy en camino, Fumiko”.