“Era de noche, luces amarillas iluminaban el ambiente oscuro, todos estaban fuera de ese autobús y faltábamos nosotros, tres pequeños. De pronto, vi una figura que no podía reconocer, los golpes y directamente todo el evento me había dejado al borde de la inconsciencia, por lo que estaba bastante mal. Finalmente colapsé junto a aquellos dos, Fumiko y Hiroaki.“
De pronto desperté en la habitación que el señor Ota me dió, “¿Acaso soñé, recordé o los dos?” Me levanté mirando mis manos, el pelaje las seguía cubriendo, recordándome que esta es la realidad. Me preparé y fuí al baño. Me miré al espejo y prácticamente igual, la bestia mitad humano mitad conejo que ahora soy; pelaje blanco, largas orejas, hocico pequeño y la cicatriz de mi nariz y mejilla.
Tras eso y un poco confundido, bajé para encontrarme con el señor Ota y desayunar con él, no le dije nada de lo que soñé o recordé mientras dormía, estaba bastante confundido para explicárselo bien. Tras eso, le dije que iría a ver a Takao y él simplemente me hizo un gesto positivo, realmente parecía interesado en que me relacionara con el entorno en el que ahora estoy. Por lo que ni corto ni perezoso salí de la casa y me dirigí al campo recreativo para encontrarme con el chico zorro.
Durante la ida me fijé que no había mucha gente en la calle, era temprano pero a diferencia de ayer había mucha menos gente, “¿día de descanso?”, pensé.
Cuando llegué a donde habíamos acordado, encontré a Takao en las gradas, sosteniendo un balón, no había nadie más en el lugar. Al verme levantó las orejas, —¡Hey! Daisuke, ¿cómo te sientes? —saludó—. Mejor que ayer, definitivamente— respondí mientras el zorro bajaba las gradas y me daba el balón, se veía sonriente como ayer. Tomé el balón, lo hice rebotar un poco para voltearme hacia uno de los aros y arrojar el balón, el cual golpeó uno de estos, y cayó al suelo.
—Buen intento, para un conejo no está nada mal— señaló Takao. —¿En serio? —respondí algo sorprendido.
—La verdad es que sí—. Fue por el balón. —Oye, ¿puedes donquear? —me preguntó con su tono intrigado.
—¿A qué te refieres? —le pregunté sin haber entendido mucho, —Ya sabes, lo que hacen los profesionales, que se arrojan y anotan colgándose del aro—. Me pasó el aro, el cual tomé rápidamente.
Boté el balón mirando a Takao, —Voy a intentar—. Continué botando el balón y comencé a correr desde el centro de la cancha hasta llegar al aro para saltar tomando el balón con las dos manos y abalanzarme hacia el mismo, para pasar ese balón por la canasta y agarrarme de esta mientras me quedaba colgando. “Este salto, ¿cómo lo hice? ¿Cómo salté tan alto?” pensé mientras volvía a ver al zorro, quien me estaba aplaudiendo sonriente.
Me solté ciertamente sorprendido por lo que acababa de hacer. —Wow, eso fue impresionante, ¿cómo lo hiciste? —preguntó el zorro hacia mí. —N-no lo sé, solo salió—.
Mido casi lo mismo que Takao, y tampoco es que ambos seamos tan altos, eso me sorprendía todavía más. —Una cosa, saltemos ambos, quiero saber algo— mencionó Takao, asentí con la cabeza, por lo que él apartó el balón y se colocó a mi lado, preparándose para saltar. El zorro comenzó una cuenta regresiva —Tres… Dos… Uno…
Ambos saltamos en el acto, mientras me elevaba comenzaba a ver la cabeza desde arriba, como si fuese mucho más alto que él, lo que me terminó de impresionar mientras regresaba al suelo.
—¿Ves? ¡Eres un saltador nato, Daisuke! —me dijo al terminar de verme caer.
—Gracias, creo… —La verdad no sabía qué responder ante ello. Me sorprendía sin duda, “¿Es por ser una bestia?” Me pregunté sin más.
—¡De nada! es que no es común que alguien pueda hacer eso sin más. ¿Estás seguro que no eras una bestia? —me replicó, que más que con un tono de escepticismo, era de curiosidad.
—Sí, lo estoy. —Tomé el balón y se lo pasé a Takao.
—Te diré algo, Daisuke —El zorro recibió mi pase—. Te diré algo que me gustó escuchar en su momento. Nuestra forma bestia es un reflejo de nosotros como un ser animal, nuestra personalidad se ve reflejada en ella, es nuestro espíritu y es parte de nosotros —Lanzó el balón hacia el aro, encestando para luego ir después por él y regresármelo—. Piensa en ello.
Tomé el balón, miré al aro y arrojé el balón. Este rebotó sobre el mismo aro y se fue por un lado.
—Nada, nada mal, ¿eh? —Tomó el balón—. Y, hablando de, ¿cómo es tu forma humana? Nunca me la mostraste.
—Bueno, sobre eso… —”¿Me vería mal si le digo que no sé cómo?” Apenas y me enteré ayer que eso se podía”, pensé sin saber qué responder, hasta que tomé el valor para decírselo—. N- no sé, cómo hacerlo.
—¿De verdad? pero si lo aprendemos desde pequeños.
—Bueno, nunca me enseñaron. Recuerda que no era una bestia, jaja —reí un poco ante su respuesta.
—Oh, cierto. bueno, está bien, me tocará enseñarte —Takao correspondió a mi risa carcajeando un poco al darse cuenta—. ¿Ya has probado lo de pensar en tu forma humana y…? —El zorro puso sus manos alrededor de su cabeza y luego las puso hacia delante y dispersándolas rápidamente.
—Sí, me lo dijo el señor Ota, pero no funcionó.
—Oh, bueno, es raro pero lo entiendo. ¿Y si probamos de otra forma?
—No perdemos nada, cuéntame, a ver.
—Piensa en un buen momento, has sido un humano, por lo que no creo que te cueste nada. Cierra tus ojos, piensa en eso y después, sácalo. —Antes que pudiera notarlo, cambió su tono—. Creo que eso puede funcionar, pruébalo, Dai. —Mencionó eso último con un tono más de ánimo, tratándome, justamente, de animar.
Cerré los ojos, la verdad es que no me sentía tan seguro de esto, pero la sonrisa de Takao y sus ánimos hacían que yo quisiera continuar. Simplemente pensé en ellos, me quedé un rato ahí, buenos, malos recuerdos, pero los cuales me hacían sentir cómodo, por un momento me distraje en eso hasta que…
—¿Daisuke? ¡Oye, Daisuke, abre los ojos! —Escuché antes de apretar los ojos antes de abrirlos, teniendo al zorro frente mío. Éste se veía contento mirándome atentamente, no tenía mucha idea hasta que sentí el frío del ambiente, en especial en mis manos, no era así. Bajé la mirada notando mis manos. las cuales ya no tenían ningún vestigio de pelaje, arremangué mi sudadera, el tono de mi piel las cubría, pasé mis manos por mi rostro, sintiendo mi nariz ahora pequeña, y la ausencia de ese hocico, mis orejas ahora pequeñas y situada a los lados.
Tras todo este tiempo ahora me parecía extraño todo, como si me faltasen tales partes o estuvieran en un lugar que no correspondía, Takao lo notaba. —Se siente raro, ¿no?—
—Un poco… —respondí.
—Es normal para todos nosotros. Hay quienes prefieren una forma, otros que la otra y en mi caso. —Takao en un par de segundos tomó su forma humana, la transición es tan rápida que no podía notar tanto los detalles, pero se veía de una forma tan natural que me abrumaba un poco. —Prefiero ambas. —finalizó.
Su forma humana era casi igual, aunque notaba que aún mantenía algunos rasgos de su forma bestia, sus ojos de color ámbar y de forma almendrada y su cabello que era de un tono rojo algo oscuro y cenizo. Fuera de esos detalles que nadie notaría de buenas a primeras, parecía un humano normal
—Eso… me sorprende —repliqué. “¿Cómo me veré como humano ahora…?” me pregunté a su vez.
—¿Y eso?
—Pensaba que las bestias preferían esa forma. Quiero decir, si sabía que podían hacer eso de pasar de una forma a otra.
—Claro que podemos, inclúyete en esa oración Daisuke. Ya te digo, es de cada quien la forma que toma, pero la mayoría prefiere la bestia. Es más, ¿cómo escuchas?
—¿Cómo? —La pregunta me tomó por sorpresa, pero entendí a qué quería llegar, de hecho, noté que no escuchaba tanto como hace un momento—. Un poco menos, de hecho.
—Bueno, con eso creo que te das una idea. En fin, ¿Quieres salir un rato? Quiero mostrarte algo.
—¿De qué se trata? —pregunté con algo de curiosidad.
—Te lo mostraré llegando. Digamos que es mi lugar de confort.
Salimos del lugar, caminando a un rumbo que solo aquel chico sabía, las calles seguían con poca gente a pesar de que ya se acercaba el medio día. Tras todo este tiempo el sol finalmente tocaba mi piel, el calor de este era lo que ahora mitigaba ligeramente el frío. Tras un rato caminando en esas calles amplias, llegamos a lo que parecía una torre abandonada.
Ésta estaba hecha de metal, como si se tratase de una torre de comunicaciones, solo que esta ya no tenía equipo alguno y era mucho más corta. No parecía tener vigilancia alguna y tampoco parecía ser peligrosa, se veía íntegra, aunque tenía aún mis dudas.
—Oye, ¿no es algo peligroso este lugar? —pregunté, algo inseguro.
—No te preocupes, he subido a este lugar desde siempre, hay una plataforma arriba —replicó Takao, viendo hacia la cima de la torre veía esa plataforma y, aunque seguía con dudas, decidí seguirlo mientras comenzaba a subir las escaleras.
Al llegar a la cima de esa torre comencé a notar el porqué me había llevado hasta ahí.
—Es bonito, ¿Verdad, Dai?
—Si que lo es…
Desde esa torre podía ver todo ese vecindario y otros más alrededor, más adelante veía algunos edificios altos, la vista era bonita y me quedé mirando por un buen rato.
—Daisuke, quisiera que vieras hacia este lado. —Oí antes de dar la vuelta, viendo a Takao, el cual se apartó por un momento mostrándome el otro lado de la vista.
Esta vez veía, aparte del otro lado del vecindario, ese muro, aquel que dividía la ciudad en dos. podía verla cerca de nosotros, lo suficiente para también poder ver el otro lado. Era raro, nunca me imaginé verla desde este lado. Podía ver la diferencia de gente de un lado al otro, mientras que aquí las calles estaban vacías, al otro lado estaban llenas de gente caminando sobre ellas
—Y, cuéntame Daisuke… ¿Cómo es el otro lado? —preguntó Takao, me congelé por un momento al oír la pregunta mirando ahora hacia abajo.
—O-oye, ¿te molesta la pregunta? no quiero hacerte sentir mal.
—No, no me molesta, es solo… Que es parecido a aquí, solo que con humanos, mis amigos. Tiene meses que no los veo y me hace sentir un poco mal.
—¿No te molesta si te pregunto quiénes son? —Con curiosidad me preguntó el chico.
Sonreí un poco levantando la cabeza y recargando mis brazos sobre la barra de contención.
—Fumiko y Hiroaki. Así se llaman. —repliqué.
—¿Cómo se llevaban? —Nuevamente volvía a preguntar Takao, éste mismo se recargó en la misma barra, estando ahora a mi lado.
—Éramos inseparables. Nos conocimos desde pequeños y, bueno, creo que entiendes el resto, siempre fuimos mejores amigos.
El chico sonrió, parecía darle gusto lo que le había contado y no se contenía en demostrarlo. —Quisieras volver a verlos, ¿no?
—Sí, quiero volver a verlos, al menos, quiero saber que están bien…
—Sé que algún día lo harás, Daisuke. —El chico me miró. —Y yo también quisiera conocerlos. —finalizó.
Nos quedamos un rato más en esa torre. La compañía de Takao era acogedora y el tiempo pasaba mientras platicabamos sobre cómo vivíamos desde nuestro lado, era como hablar con alguien de otra ciudad, ciertamente parecido, pero a la vez era diferente. Él me contó sobre lugares para visitar, la gente del lugar. Era diferente, pero a la vez un poco familiar.
Tras unas pocas horas Takao me preguntó si quería algo para comer y gustoso le dije que sí, por lo que bajamos de esa torre abandonada para emprender otra caminata comandada por el pelirrojo. Tras un rato llegamos a un pequeño restaurante, quien nos atendía, el dueño del lugar se trataba de un Tanuki, de cuerpo robusto y que vestía con una camiseta negra, pantalones del mismo color y un delantal blanco y limpio.
—¡Hola, señor Ishida!
—¿Hmm? ¡Oh! Hola, Takao, ¿cómo estás? —saludó para después voltearme a ver a mí. —¿Y quién es tu amigo? —preguntó mientras limpiaba sus manos con una toalla.
—Es Daisuke, hace poco se mudó por acá.
“¿Mudó?” Claro, no había pensado en eso. “¿Por cuánto tiempo me quedaré?” “¿Qué haré si el señor Ota ya no pueda darme refugio?” “¿Ya no podré regresar?” me preguntaba por un momento, pero decidí dejarlo pasar, por ahora no quiero preocuparme por eso, y menos con Takao presentandome a alguien
—¡Oh! Una bestia nueva en el barrio, ¿eh? ¡Es un gusto! Soy Kenta Ishida, pero puedes llamarme señor Ishida —soltó, esperando mi respuesta.
—E- es un gusto para mí también, señor Ishida —respondí tratando de evitar pensar en lo que dijo Takao.
—Y bien, ¿Qué van a pedir, muchachos? —preguntaba el perro mapache, volteando a su cocina y poniéndose unos guantes negros.
—Para mí, lo de siempre —respondía Takao, quien me volteó a mirar después—. Bueno, ¿qué deseas pedir?
Volteé a verlo, levantando los hombros, había una variedad de platos que pedir, desde ramen, hasta simples onigiris. —Creo que lo mismo que tú —respondí riendo un poco.
Takao asintió, —Serán dos —soltó el mismo.
—¡Muy bien! —Se oyó mientras el señor Ishida comenzaba a preparar algo, Takao y yo nos sentábamos en la barra frente a la cocina y esperábamos.
No sabía qué había pedido Takao y él lo notaba mirándome. Me daban ganas de preguntarle pero antes de que le pudiera preguntar el señor Ishida nos entregaba dos platos y palillos, era ramen, se veía bastante bien y su aroma llenaba el lugar mientras lo seguía mirando.
Comencé a comer con el chico, el plato sabía mejor de lo que olía y me quedé maravillado por eso. Takao lo notó y tras terminar de degustar dejamos los platos en la mesa y nos quedamos ahí por un rato más, me quedé admirando el lugar, ahora con más detalle.]
El lugar estaba conformado por paredes de madera con varias fotos tanto del lugar, como del señor Ishida y su comida, había unos cuantos ventiladores de techo, los que se veían girando lentamente, Cada mesa fuera de la barra tenían una lámpara de cristal sobre ellas, sobre la barra había una larga lámpara que permitía ver la cocina y algunos platos de demostración, todas las luces eran cálidas.
—No me imaginaba que te fuera a llamar tanto la atención el lugar, me alegra que te guste tanto —dijo mientras miraba el lugar conmigo.
—Es increíble, no había visto un lugar así antes. De verdad, ¡me encanta!
—Me alegra oír eso. Bueno, creo que sería hora de irnos, ¿no?
Asentí a la pregunta, por lo cual Takao rápido llamó al señor Ishida.
—¿Cuánto es por todo?
—Por tu amigo, esta vez invita la casa, Takao, tengan una buena tard-…
El tanuki fue interrumpido por la llegada de un grupo de hombres, en su forma humana, vestidos de traje y con cierta elegancia que los hacía resaltar del lugar.
—¿Quiénes son? —pregunté discretamente a Takao, quien me respondió levantando los hombros.
El señor Ishida les hizo una reverencia a los hombres mientras se sentaban, tras eso simplemente volteó para mirarnos, desearnos una buena tarde y rápidamente volver con aquellos hombres mientras salíamos del lugar.
El sol comenzaba a ocultarse y el cielo era cubierto nuevamente de un tono cada vez más anaranjado. Takao y yo caminábamos mientras él me contaba sobre cada lugar por el que pasábamos, era acogedor tener a alguien con quien hablar. Continuamos nuestro camino mientras las luces de las calles comenzaban a iluminarlas.
Estábamos hablando sobre qué iríamos a hacer mañana, “salir a explorar otro rato más”, “ver alguna atracción, un show solemne, el partido de algún deporte”, eran ideas que salían, las cuales se quedaban en eso. Mientras seguíamos hablando Takao súbitamente se detuvo, lo que hizo que yo también lo hiciera.
—¿Pasa algo? —le pregunté al chico, el cual tomó su forma bestia, de la cual noté que sus orejas se movían mientras asentía.
—Presta atención, Daisuke… —respondió, con un tono más serio y algo preocupado mientras bajaba la voz para dejarme oír.
Cerré los ojos para concentrarme, era muy bajo, pero poco a poco lo fuí escuchando más, eran, ¿gritos? alguien no muy lejos de nosotros parecía gritar, “¿Quién está gritando?” “¿Qué le está ocurriendo?”, pensaba mientras abría los ojos, viendo cómo Takao comenzaba a correr.
Extendí la mano, pero antes de poder soltar alguna palabra noté el pelaje volviéndola a cubrir, volteé la misma rápidamente notando que el pelaje se extendía nuevamente, un poco sorprendido por eso volví a ver a Takao, el cual se alejaba rápidamente de mí, dejé de lado eso y corrí tras de él, poco a poco lo alcanzaba mientras aquellos gritos se oían cada vez más cerca, podía notar cómo se cansaba mientras lo seguía, finalmente lo alcancé tras doblar en una esquina, donde él se detuvo exhausto.
Al voltear la mirada miré a un hombre vestido con chamarra y capucha, quien estaba pateando a quien parecía ser una chica perro, una border collie, en posición fetal cubriéndose de los golpes.
—¡HEY! —gritó Takao, llamando la atención de aquél hombre, y quien, sin mediar palabra se abalanzó hacia nosotros.
Casi no tuve tiempo para procesar las cosas sino hasta que aquél hombre intentó golpearme, en ese instante solo tuve el reflejo para apartarme viendo en ese puño lo que parecía ser una manopla. Retrocedí, mientras Takao tackleó a aquella persona, dejándola en el suelo.
La persona logró sacarse de encima a Takao mientras se levantaba y trataba de golpearlo en el suelo. No sabía qué hacer, simplemente me dejé llevar e intenté lo mismo que Takao, me abalancé al hombre para tratar de dejarlo en el suelo e inmovilizarlo, sin embargo, mientras el hombre caía, su cabeza chocó con un poste de madera, terminando de caer inconsciente, yo caí encima del mismo.
Al verlo inconsciente me levanté rápidamente algo exaltado, volteé buscando a Takao, quien se estaba acercando a la chica, por lo que también me reuní. El zorro mientras tanto intentaba hablar con aquella bestia.
Su nombre era Haruhi. Sollozando nos contó que ella estaba volviendo a casa cuando aquél hombre apareció de la oscuridad golpeándola a la cara y tirándola al suelo para continuar con aquella golpiza. Finalmente la consolamos mientras la policía llegaba, la cual Takao había llamado hacía un momento.
En cuanto llegaron, subieron al tipo, aún inconsciente, a una patrulla mientras los mismos nos preguntaban sobre lo sucedido. Finalmente ellos nos dijeron que últimamente habían entrado más humanos de lo habitual a delinquir, principalmente a robar y a agredir, nos detalló uno de ellos. Finalmente la policía llevó a aquella chica a casa, no sin antes agradecernos bastante por haberla salvado, nosotros íbamos retomando camino a casa tras eso.
—¿Por qué? ¿Por qué hacer eso? —solté con un poco de frustración, Takao levantó una oreja al oirme.
—Hay gente que solo quiere hacer daño, Daisuke. Simplemente son malas personas.
—¿Pero qué nos hicieron a los humanos para que seamos así?
Takao se detuvo tantito, mirándome.
—¿Q-… qué ocurre? —pregunté desconcertado. El chico zorro se quedó mirándome por otro rato más.
—Y, ¿no me vas a hacer algo? —soltó aún mirándome
—¿De qué hablas? —respondí confundido.
—Pues estás diciendo que ustedes son así. Yo no veo que tú lo seas, Daisuke. Y seguramente cuando solías ser humano tampoco hubieras querido hacerme daño, ¿no?
—No, para nada.
—Entonces no te incluyas entre aquellos que no te representan. Eres alguien bueno, Dai. Y así como tú, seguramente haya muchísimos humanos más que no nos vean como monstruos o algo así —resaltó.— No dejes que ellos te hagan pensar que todos los humanos son así, tú me demuestras que los humanos son buenos. Y aunque seas una bestia ahora, eso no cambia a la persona que eres.
Me quedé en silencio por un momento, miré mis manos cubiertas en pelaje y luego volteé a Takao.
—Creo que tienes razón, Takao…
El chico sonrió. —Entonces, vamos a casa— dijo para luego comenzar a caminar.
Continué el paso hasta llegar finalmente a la casa del señor Ota, ahí mismo me despedí de Takao.
Quizá, Takao tenga razón, no todos los humanos somos malos con las bestias y las bestias no son malas con los humanos, aún así… ¿Qué es lo que ocurrió para que acabáramos así? ¿Por qué nos divide un gran muro?, me pregunté mientras miraba aquella gran pared de concreto dividiendo a toda la ciudad en dos.
Yo lo sabré…